Las redes de telecomunicaciones europeas están entrando en otro periodo de cambios importantes. La seguridad y la resiliencia influyen cada vez más en las decisiones sobre qué tecnología puede mantenerse en las redes críticas y qué podría ser necesario sustituir.
El último informe de GSMA Intelligence, titulado«El coste de retirar a los proveedores de terceros países designados de las redes de telecomunicaciones de la UE», estima que los operadores europeos podrían tener que hacer frente a unos costes de entre 30 000 y 40 000 millones de euros si se tuviera que retirar de las redes el equipo suministrado por proveedores designados como de alto riesgo.
Esa cifra permite poner en perspectiva la magnitud potencial del reto. Sin embargo, la adquisición de equipos no es más que una parte de un amplio programa de sustitución de la red. Cada cambio genera dos flujos paralelos de tecnología: la nueva infraestructura que se incorpora a la red y la infraestructura existente que se retira de ella.
La forma en que los operadores gestionen ambos aspectos tendrá una influencia significativa en los costes, la resiliencia, las interrupciones y la sostenibilidad.
Empieza por lo que ya hay en la red
Las grandes redes de telecomunicaciones han evolucionado a lo largo de décadas, pasando por sucesivas generaciones tecnológicas, proveedores, adquisiciones y actualizaciones. Como consecuencia, los registros de activos no siempre ofrecen una visión completa de lo que está instalado físicamente ni de cómo las diferentes partes de la red dependen unas de otras.
Antes de iniciar la sustitución, los operadores deben conocer a la perfección el entorno afectado, incluidas las configuraciones, la conectividad, los requisitos de alimentación eléctrica y los servicios que presta cada elemento. La retirada de una plataforma puede tener repercusiones en la transmisión, la fibra óptica, la alimentación eléctrica, los sistemas de gestión, el cableado y otras infraestructuras de su entorno.
Por eso son tan importantes la auditoría, el diseño y la planificación de la red. Identificar esas dependencias desde el principio reduce el riesgo de que surjan problemas inesperados durante la implementación y brinda la oportunidad de ir más allá de una simple sustitución por equipos equivalentes. Si los ingenieros ya están accediendo a las instalaciones y se está modificando la infraestructura, ¿sería posible retirar también los equipos redundantes, consolidar los racks o racionalizar la tecnología obsoleta?
Un programa de sustitución necesario puede convertirse en una oportunidad para simplificar y mejorar la red en su conjunto.
Mantener la resiliencia mientras la red evoluciona
La sustitución de la infraestructura en una red en funcionamiento es algo fundamentalmente diferente a la construcción de una nueva. Los servicios deben seguir funcionando mientras se lleva a cabo el cambio tecnológico a su alrededor, lo que hace que la planificación de la migración sea tan importante como la propia tecnología de sustitución.
Los operadores deben tener en cuenta la secuenciación, las pruebas, los procedimientos de reversión, la capacidad, los repuestos y el soporte técnico, al tiempo que coordinan las adquisiciones, la configuración, la preparación, la logística y las actividades sobre el terreno. A gran escala, un retraso o una limitación en una parte del programa puede afectar rápidamente a otra.
El objetivo no es simplemente instalar nuevas infraestructuras lo antes posible, sino gestionar la transición sin comprometer el rendimiento y la resiliencia de la red que, en última instancia, el programa pretende proteger.
Comprender el valor de lo que se está produciendo
Los aspectos económicos van más allá del coste de adquisición e instalación de los equipos de sustitución.
Cuando se retira una infraestructura, esto no significa automáticamente que pierda todo su valor. En función de los requisitos de seguridad, normativos, contractuales y técnicos aplicables, los activos pueden requerir diferentes vías de gestión. Algunos pueden ser aptos para su reutilización, renovación o reventa, siempre que esté permitido y sea adecuado. Otros pueden tener valor gracias al desguace de componentes o a la recuperación de materiales como el cobre, el aluminio y el acero.
Esas decisiones deben tomarse antes de que comience el desmantelamiento.
Si la recuperación de activos solo se tiene en cuenta una vez que los equipos ya han salido de la red, los activos pueden acumularse en los almacenes, los registros pueden quedar desvinculados de los equipos físicos y el valor potencial puede disminuir. Incorporar desde el principio la estrategia de salida de activos en el programa ofrece a los operadores un mayor control sobre los resultados tanto financieros como medioambientales.
El desmantelamiento forma parte de la transformación
El objetivo principal de un programa de sustitución recae, como es lógico, en lo que se va a incorporar a la red. Sin embargo, la retirada a gran escala de las instalaciones existentes puede suponer, por sí misma, una operación de gran envergadura.
Los equipos deben desconectarse, identificarse y transportarse de forma segura. Los activos que contienen datos pueden requerir un borrado seguro, mientras que se necesitan procesos claros de cadena de custodia para garantizar la transparencia sobre el destino de los equipos y cómo se procesan finalmente.
Esto cobra especial importancia cuando se retira infraestructura para cumplir con requisitos de seguridad o normativos. Retirar equipos de una red en funcionamiento no debería suponer perderles la pista una vez que abandonan las instalaciones.
Esta misma planificación también contribuye a obtener mejores resultados en materia de sostenibilidad. Cuando la reutilización está permitida y resulta adecuada, alargar la vida útil de la tecnología permite conservar en mayor medida el valor que ya lleva incorporado. Cuando no es así, un reciclaje responsable permite recuperar materiales valiosos y mantenerlos en uso productivo, en lugar de permitir que se conviertan en residuos.
Piensa en ciclos de vida, no en proyectos individuales
Aunque la seguridad y el cumplimiento normativo puedan ser el motor que impulse la renovación de la infraestructura, los operadores tienen la oportunidad de sacar más partido a esta inversión.
Un programa bien planificado puede mejorar la visibilidad de los activos, racionalizar la infraestructura heredada, proteger la resiliencia de la red y garantizar que la tecnología que sale de la red siga la ruta más adecuada. También puede recuperar valor económico siempre que sea posible y reducir el desperdicio innecesario.
En TXO, creemos que esta es la razón por la que la transformación de la red debe tenerse en cuenta a lo largo de todo el ciclo de vida de la tecnología. La auditoría, el diseño y la planificación deben estar vinculados a la implementación y la migración, mientras que el desmantelamiento, la recuperación de activos, la reutilización y el reciclaje responsable deben tenerse en cuenta desde el principio y no al final.
Porque cuando hay que cambiar la infraestructura a gran escala, la cuestión no es solo qué la sustituye, sino también qué ocurre con todo lo que se retira.