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El cobre se ha convertido en uno de los materiales clave de la transición digital y energética. Está presente en las redes de telecomunicaciones, los centros de datos, las redes eléctricas, las infraestructuras de energías renovables y los sistemas de transporte. A medida que se amplía la conectividad y se acelera la electrificación, la demanda aumenta proporcionalmente. La respuesta convencional es sencilla: encontrar más cobre y extraerlo.

En todo el mundo, los gobiernos y la industria están volviendo a prestar atención a los recursos minerales nacionales, a los nuevos proyectos mineros y a las formas de garantizar el suministro de materiales que, cada vez más, se consideran de importancia estratégica.

Pero hay otra fuente de cobre mucho más cerca de casa. Ya se encuentra bajo nuestras calles, en el interior de las centrales telefónicas, a lo largo de nuestras vías férreas y en las redes de telecomunicaciones, electricidad y servicios públicos, encerrado en infraestructuras que han llegado al final de su vida útil.

La cuestión es si lo estamos tratando como un residuo o si lo reconocemos como lo que es: un recurso valioso.

La creciente presión sobre el cobre

Las infraestructuras que se están construyendo hoy en día requieren una cantidad extraordinaria de materiales. Las redes de fibra óptica y móviles siguen expandiéndose. La capacidad de los centros de datos está aumentando para dar cabida a la computación en la nube y a la inteligencia artificial. Las redes eléctricas necesitan inversiones significativas para dar cabida a la generación de energía renovable, a los vehículos eléctricos y al aumento de la demanda de energía. Todo ello ejerce presión sobre el suministro de cobre.

Las nuevas minas formarán, inevitablemente, parte de la solución. Pero la minería no es ni rápida ni sencilla. Identificar un yacimiento viable es solo el principio. La planificación, la evaluación medioambiental, la obtención de permisos, la financiación, el desarrollo de infraestructuras y la construcción pueden suponer que pasen muchos años antes de que se produzca el primer cobre comercialmente aprovechable. Una vez que comienza la extracción, la cantidad de metal útil recuperado puede representar solo una fracción del material extraído y procesado. Eso hace que cada vez sea más difícil ignorar el cobre que ya circula por nuestra economía.

Hay una mina dentro de nuestra infraestructura actual

Décadas de desarrollo de infraestructuras han generado importantes reservas de materiales valiosos. El cobre sigue presente en las redes de telecomunicaciones, la infraestructura ferroviaria, las redes eléctricas y de servicios públicos, los centros de datos y otras instalaciones tecnológicas, a menudo mucho después de que los equipos o las infraestructuras a los que da soporte hayan llegado al final de su vida útil.

A medida que las organizaciones modernizan sus redes, sustituyen la tecnología obsoleta, consolidan sus instalaciones y retiran de servicio la infraestructura redundante, aumenta la cantidad de material disponible para su recuperación. En el sector de las telecomunicaciones, la transición del cobre a la fibra óptica y la consolidación de las centrales telefónicas antiguas constituyen un ejemplo especialmente claro de esta oportunidad.

Este es el principio en el que se basa la «minería urbana» y la recuperación de activos: considerar la infraestructura existente como una fuente de materiales que pueden recuperarse y volver a utilizarse con fines productivos.

A diferencia de una mina convencional, el material ya se ha extraído del suelo. La infraestructura ya existe y, en muchos casos, es posible determinar su ubicación y composición antes de que comience la recuperación. El reto consiste en acceder a ella de forma segura, eficiente y rentable.

El argumento comercial a favor de la minería urbana

La recuperación del cobre no debe considerarse simplemente como una actividad de reciclaje al final de un proyecto. Si se lleva a cabo de forma estratégica, la recuperación de activos puede convertirse en parte del análisis de viabilidad de la propia transformación de la red.

Cuando se retira de servicio una instalación o red antigua, cada elemento requiere un tratamiento específico. Algunos equipos pueden seguir teniendo valor operativo y reasignarse internamente. Otros pueden reacondicionarse y revenderse en el mercado secundario. Los componentes pueden recuperarse para utilizarlos como repuestos. Solo cuando ya no sea viable su uso posterior, los materiales deben incorporarse a los circuitos de reciclaje adecuados.

El cobre y otros metales recuperados de cables, infraestructuras eléctricas y equipos obsoletos pueden generar así un valor añadido. Limitarse a enviarlo todo al reciclaje puede permitir recuperar materias primas, pero también puede destruir mucho más valor del necesario. Prolongar la vida útil de los equipos antes de recuperar los materiales que los componen permite preservar tanto el valor comercial como el medioambiental.

Por lo tanto, el objetivo debería ser extraer el máximo valor restante de cada activo, y no simplemente desmantelar una instalación.

Minería urbana a gran escala

TXO ha podido comprobar de primera mano el alcance de esta oportunidad. A través de importantes programas de transformación de redes, hemos recuperado cantidades considerables de cobre y otros materiales valiosos, hemos prolongado la vida útil de la tecnología, hemos devuelto los activos a un uso productivo y hemos generado un importante valor comercial y medioambiental.

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    Toneladas de cobre recuperadas y recicladas hasta la fecha
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    Toneladas de residuos electrónicos reciclados en 2025
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    Piezas procesadas cada mes para su reventa y reparación
  • 0 millones de euros

    Ingresos generados por un único operador global de primer nivel

La recuperación debe planificarse en 

Estas cifras ponen de manifiesto un aspecto importante. La infraestructura heredada no es necesariamente un lastre del que haya que deshacerse. Si se gestiona de forma estratégica, puede convertirse en una fuente de valor que ayude a financiar la transición hacia lo que vendrá después.

La mayor oportunidad surge cuando la recuperación se considera parte de una estrategia más amplia de transformación de la red, en lugar de una actividad que comienza una vez que la infraestructura ya ha sido retirada del servicio.

Para ello es necesario tener una visión global. Las organizaciones deben saber de qué tecnología e infraestructura disponen, dónde se encuentran, qué hay que cambiar y qué se puede reutilizar, revender o recuperar a medida que evolucionan las redes.

TXO opera a lo largo de todo el ciclo de vida de la tecnología, desde la auditoría de los activos existentes y el diseño, la construcción y el mantenimiento de redes hasta el desmantelamiento de infraestructuras y la recuperación de su valor residual. Nuestras capacidades abarcan el diseño de redes, la instalación y la puesta en servicio, la ingeniería de campo, los servicios gestionados, las pruebas y reparaciones, el desmontaje, la reutilización, la reventa y el reciclaje.

Este enfoque permite integrar la recuperación en el proceso de transformación desde el principio. Los equipos que aún tienen valor operativo pueden reasignarse, someterse a pruebas o repararse. Los activos con un mercado secundario viable pueden revenderse. Los componentes pueden desmontarse para su reutilización, mientras que el cobre y otros materiales valiosos pueden recuperarse de las infraestructuras que hayan llegado realmente al final de su vida útil.

Al considerar estas vías de forma conjunta, las organizaciones pueden maximizar el valor de su infraestructura actual y, al mismo tiempo, contribuir a financiar y respaldar la transición hacia lo que vendrá después.

La seguridad del suministro de cobre también es una cuestión de economía circular 

Es comprensible que se preste especial atención al origen de los minerales críticos necesarios para la próxima generación de infraestructuras. Sin embargo, la seguridad del suministro no es simplemente una cuestión de lo que los países puedan extraer. También tiene que ver con la eficacia con la que las economías conservan y reutilizan los materiales de los que ya disponen. 

Cada tonelada de cobre recuperada de infraestructuras en desuso es un material que puede reincorporarse a la economía, en lugar de quedar abandonado en una red obsoleta. 

Cada equipo que se reacondiciona y reutiliza con éxito también puede retrasar la demanda de tecnología de nueva fabricación y de las materias primas necesarias para producirla. 

Esto hace que la circularidad sea algo más que una cuestión medioambiental. Se trata, cada vez más, de una cuestión de eficiencia en el uso de los recursos, resiliencia y economía. 

Las organizaciones que abordan el desmantelamiento de forma estratégica pueden reducir los residuos, devolver materiales valiosos a la economía, generar beneficios comerciales y contribuir a financiar la próxima generación de infraestructuras. 

El próximo auge de la minería del cobre no tiene por qué definirse únicamente por la construcción de nuevos pozos. Parte de ese auge podría comenzar mucho más cerca de casa, gracias a la tecnología, la infraestructura y los viejos cables que ya se encuentran bajo nuestros pies.