Chepstow, 18 de marzo de 2025: Un nuevo estudio de TXO, líder mundial en soluciones tecnológicas sostenibles, revela que el elevado coste que supone el mantenimiento de las redes heredadas está ejerciendo una presión financiera y operativa considerable sobre los proveedores de servicios. A pesar de ello, la mayoría de los operadores prevén que las infraestructuras obsoletas —incluidas las de cobre, 2G y 3G— seguirán en servicio en un futuro próximo.
A pesar de los esfuerzos positivos de modernización en todo el sector, el 79 % de los operadores encuestados afirma que sus redes de cobre seguirán operativas al menos hasta 2028, mientras que más de una cuarta parte (28 %) espera que duren hasta 2030 o más allá. Del mismo modo, el 43 % de los proveedores de servicios señala que las redes 2G no se retirarán por completo hasta 2030, y casi una quinta parte (19 %) prevé que las medidas de desmantelamiento continuarán más allá de esa fecha.
El 81 % de los encuestados afirmó que estas redes heredadas están obstaculizando su capacidad para lanzar nuevos servicios, lo que limita su competitividad frente a los operadores de nueva creación.
«Los operadores se encuentran atrapados en un ciclo complicado en el que el mantenimiento de las redes heredadas resulta cada vez más costoso, pero aún faltan años para su desmantelamiento total. La dependencia continuada del cobre y de las redes móviles heredadas supone un obstáculo importante para las nuevas innovaciones en redes 5G y de fibra óptica, lo que merma la competitividad y la sostenibilidad», afirmó John Teasdale, director de redes del grupo TXO.
El reto que nos ha dejado el pasado y sus costes medioambientales, financieros y de oportunidad
Dado que el 98 % de los responsables de la toma de decisiones en materia de redes afirman que el mantenimiento de una infraestructura obsoleta ha incrementado los costes operativos generales, la carga financiera que supone la gestión de la infraestructura heredada es una preocupación cada vez mayor. La resiliencia operativa también se ve amenazada. El estudio reveló que las interrupciones graves provocadas por las redes heredadas, que dan lugar a tiempos de inactividad, suponen para las empresas un coste medio de 1 073 684 libras al año.
«Las interrupciones en las infraestructuras obsoletas son más frecuentes y causan más trastornos que nunca. Las redes más antiguas no se diseñaron para hacer frente a las exigencias actuales, lo que las hace propensas a sufrir fallos; además, para muchos grandes proveedores de servicios, los costes de mantenimiento se habrán disparado entre un 30 % y un 40 % solo durante el último año. La combinación de costes crecientes, tiempos de inactividad e ineficiencia energética refuerza más que nunca la necesidad de retirar la tecnología de red obsoleta», afirmó Teasdale.
Recorrer el camino hacia el desmantelamiento
A pesar de los crecientes retos, las empresas de telecomunicaciones se muestran cautelosas ante el desmantelamiento a gran escala, y tres cuartas partes de los encuestados afirman que han retrasado la retirada progresiva de las redes más antiguas. El 53 % de los encuestados afirma que ha retrasado el desmantelamiento debido a la escasez de mano de obra.
Resulta alentador que muchos operadores estén adoptando iniciativas de economía circular como solución. El 85 % tiene planes de revender la infraestructura de cobre como parte de una estrategia de economía circular, y el 80 % tiene planes similares para los equipos 2G y 3G. Un estudio anterior de TXO también reveló que el 80 % de los operadores recicla los equipos antiguos y que el 63 % adquiere componentes reacondicionados para respaldar sus operaciones en curso.
Simon Wort, director ejecutivo de TXO, afirmó: «El desmantelamiento de las redes antiguas supone un reto complejo para las empresas de telecomunicaciones, que a menudo se ven limitadas por la escasez de mano de obra y los riesgos operativos. Con la experiencia y la infraestructura adecuadas, los operadores pueden recuperar valor de los equipos retirados del servicio, al tiempo que aceleran la consecución de sus objetivos de sostenibilidad. Mediante la reventa, el reciclaje y la reutilización de los activos de red, el sector está dando un paso crucial hacia una economía más circular, que reduce los residuos, disminuye los costes y contribuye a crear un sector tecnológico más ecológico y resiliente».